Boca ya no es el de antes. El tiempo y el trabajo lo fueron transformando y puliendo al detalle. Los jugadores, los verdaderos protagonistas del juego, son los mismos que hace diez meses. Tiene el mismo apellido y juegan en el mismo lugar. Sus rendimientos se han potenciado en conjunto y en forma individual configurando un Boca modelo 2011 que resulta ser invencible hasta el momento.
De atrás para adelante. Ese fue el concepto que dejó a la luz Falcioni en la forma de armar su equipo. Construir un fuerte sin grietas, alto y duradero fue el principal objetivo en cumplirse. La llegada de Schiavi fue determinante para hacer de la defensa una línea equilibrada y ordenada. El flaco se convirtió en un intocable dentro de los once y en un referente determinante para llevar adelante el proceso de recuperación que tuvo que afrontar el Xeneize. Porque Boca, el club más grande de la Argentina, estuvo en el ojo de la tormenta por no ganar un título en los últimos tres años. Orión, Roncaglia, Insaurralde y Clemente completan un esquema defensivo que es un ejemplo en el campeonato.
Rivero, Somoza y Erviti son regulares en sus actuaciones. Los tres llegaron en el verano y seis meses después mostraron sus condiciones a través del buen nivel generalizado que tiene el equipo. El ex Vélez es un tiempista que maneja el medio campo y se convierte en un pasador hiriente cuando el equipo no puede penetrar en el área rival. Los volantes externos se consolidaron en sus puestos y realizan un desgaste físico enorme marcando, cortando y quitando en cada lugar de la cancha.
Riquelme y Chávez alternaron en la posición de enganche. Román fue y es determinante cada vez que pone un pie en la cancha. Con pases profundos, con el tiempo en su cabeza, con la magia que solo poseen los jugadores diferentes, el diez puso su juego al servicio de Boca y marcó la diferencia en cada encuentro que las lesiones lo dejaron jugar. El Pochi lo reemplazó y al día de hoy es el dueño del lugar que Juan Román dejó vacante por la fascitis plantal. Rápido, vertiginoso y hábil, Chávez le dio a Falcioni juego y creatividad en los últimos metros antes del área rival. Los dos mantuvieron el nivel que venían mostrando y son piezas claves en el rompecabezas que el técnico tiene que armar cada domingo.
Por último queda resaltar la labor de los delanteros. Viatri intentó quedarse con el título de goleador pero el destino se empecinó con su rodilla y lo marginó por seis meses de las canchas. Cvitanich compitió contra sus lesiones y Mouche. En la cancha demostró su efectividad en el ataque y el desborde. Fue protagonista y le dio al Xeneize la seguridad de tener un media punta con un buen nivel de juego mantenido en el tiempo. Blandi y Mouche colaboraron en los goles y el ataque. Todos y cada uno de ellos fueron y son hormigas laboriosas que quieren un título en sus vitrinas y que trabajan a la par para sacar campeón a Boca.

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